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viernes, 26 de abril de 2013

Homeschooling y Juan Palomo


Me llamo Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como. ¿Quién no ha oído nunca esta frase? ¿Y quién no la ha puesto en práctica alguna vez? 

El caso es que uno siempre busca lo mejor para los hijos. Queremos darles la mejor educación, transmitirles nuestros valores, proporcionarles las herramientas necesarias para enfrentarse al mundo hostil y también enseñarles a disfrutar de las pequeñas y grandes cosas que nos ofrece la vida. Queremos que valoren lo que tienen y lo que no tienen, que sientan cariño por la tierra que les rodea, que sepan cuidar de si mismos y que se acuerden de nosotros cuando seamos mayores.

Y si, además, ganan dinero, nos llenaremos de orgullo pensando que lo hemos hecho francamente bien.

Y puede que así sea; lo más seguro es que nuestra labor haya sido decisiva en sus porvenires.

Pero, ¿y si las cosas no salen como las hemos planeado? ¿Nos sentiremos responsables del error o miraremos alrededor buscando al culpable?

En mi humilde opinión, creo que la auténtica forja de los hijos se hace en el seno familiar. Creo que el ambiente externo (los amigos, el colegio, etc) es importante porque puede remodelar esa forja. Pero si el hierro está bien templado y moldeado, nuestros hijos serán capaces de pasar por muchos hornos diferentes sin que ninguno afecte a su forja original.

Pero la mayoría de los padres no sabemos usar ni un martillo... La escuela debería ayudarnos a conseguir este difícil cometido. Para ello se supone que se preparan durante varios años todos esos profesores y maestros que van a instruir a nuestros niños. Aprenden sobre didáctica, psicología infantil, procesos de aprendizaje... Muchos incluso se enfrentan a oposiciones que validan sus conocimientos. Hay muchas y buenas escuelas en nuestro país, públicas y privadas. Imagino, porque no quiero afirmarlo, que hay otras tantas que dejan mucho que desear. Hay muchos padres satisfechos con los centros donde acuden sus hijos, y otros que no lo están. 

Por diversas circunstancias he conocido muchos centros educativos diferentes, en primera persona y a través de mis hijas. En mi caso no los había elegido yo, por lo que no hablaré sobre ello (de momento). En el caso de mis hijas siempre nos ha guiado la búsqueda de personas comprometidas con la educación de sus hijos. No podemos quejarnos, hemos encontrado siempre muy buena gente entre padres y profesores, gente con una auténtica vocación hacia los niños.

Pero, a pesar de todas las buenas intenciones, y de la labor innegablemente importante que desarrolla la escuela, ésta no siempre es la mejor opción para determinados niños. 

Llevo años acumulando cursos, másters, seminarios, etc, sobre Educación, Psicología, Sociología, etc (no me malinterpreten, no quiero ser pretenciosa, ha sido por necesidad vital). He aprendido mucho de todos ellos, pero sobre todo me he dado cuenta de que teoría y práctica no van de la  mano. En mi familia hay unas necesidades muy específicas que no se están atendiendo correctamente en la escuela, a pesar de los buenos deseos. Hay tanta rigidez en los estamentos educativos de cualquier nivel, que intentar cambiar algo a corto plazo es totalmente utópico. Y los niños no tienen tiempo que perder...

Por esta razón, y como ya he hecho muchas veces en la vida, voy a ser una vez más Juan Palomo. Hace tiempo que la idea del homeschooling me rondaba la cabeza, pero siempre me asaltaba la duda de si estaría a la altura. Esa duda no va a volver a molestarme porque no voy a escucharla nunca más. Llevo treinta años dando clases particulares, he dado clases en secundaria y en la universidad. Me encanta mi pseudoprofesión. No pienso en otra cosa. Tengo en casa un cajón lleno de diplomas universitarios hechos para matar el tiempo (cuando lo tenía). Tengo un montón de experiencias e historias de abuelas que quiero compartir con mis hijas. Y, lo más importante, tengo todo el tiempo del mundo para compartir con ellas. ¿Qué más quiero? ¿A qué estoy esperando?

En el terreno profesional mi país me dio una gran patada en el trasero hace algún tiempo. Aún me duele, pero gracias a eso se abre ante mí una nueva página en blanco. Y ésta la escribiremos mi familia y yo. Con rotus de muchos colores.

Firmado: Juan Palomo


Próximo capítulo: "Salir del armario"

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